martes, 20 de octubre de 2009

Virginia Moya



Francesco Lo Savio (Roma, 1935 – Marsella, 1963), artista bisagra entre el movimiento moderno y el minimal norte americano en su breve trayectoria estética antes de su suicidio en la Ville Radieuse, tuvo tiempo de formar un estilo, e incluso estructurar diferentes etapas de su creación artística. Después unos inicios informales e irradiar luz en Spazio-luce, asombra con la precisión geométrica de los metalli y cierra su itinerario con las “Articolazione totale'.

La exposición nos da la bienvenida con dos metalli como lema de la exposición. Como inicio de su estilo se exponen sus acuarelas abstractas cercanas a la abstracción propia del arte informal. En ellas modifica y rompe las pinturas con los dedos, con el gesto. Junto a éstas pinturas que presentan rastros de pincelas repetidas por el lienzo, cerrando esta especie de etapa inicial. Rápidamente nos adentramos en una de sus grandes búsquedas, la búsqueda de la aprehensión de la luz en la serie de lienzos “Spazio-luce”.

En todas sus obras utiliza el efecto de repetición para nunca llegar a ningún sitio. Repite la representación de la luz una y otra vez en una búsqueda imposible e infinita de atraer lo inmaterial, la luz, en el lienzo, cuadros monocromos en los que una variación de tono forma un círculo.

Con los llamados filtri Lo Savio fija la luz en el papel a través de degradaciones de colores cálidos. Composiciones luminosas combinando el cuadrado y el círculo, formando una sola unidad. Forma pura y luz como esencia de la creación artística, a través de la cual usa la geometría como forma de agarrarse el movimiento moderno. Parece que después de la angustia y el desorden propio del expresionismo abstracto, Lo Savio se agarra a la disciplina de la geometría como salvación y sujeción a la vida.

Inmersos en la luminosidad de la serie Spazio-luce y los filtri quemados por el sol, nos adentramos en el negro opaco de sus metales. La exposición da buena muestra de las experimentaciones de Lo Savio con la escultura exponiendo los metalli en el ecuador de la exposición. Piezas escultóricas de pared bañadas en color negro que absorben toda la luz natural proyectada en la sala. Si en Spazio-luce la luz era la protagonista de las obras y se expandía en la sala, la densidad del negro de los metalli contrae la luz y la oprimen dentro del metal. Como lo hiciera su coetáneo Ad Reinhardt, Lo Savio aquí trabaja la imposibilidad del negro total y sus matices, y particularmente sus posibles manifestaciones en las composiciones del metal.

Sus telas y metales se traducen siempre en experiencia directa de espacio y luz. En esta exposición queda una vez más patente como la luz es esencial para Lo Savio, la luz da forma a su mundo y él juega con ella a atraparla. Como para dejar que las obras de Lo Savio jueguen con la luz y la modifiquen, el comisario Daniel Soutif ha elegido las salas más luminosas de la muestra para los metalli y las más cerradas y alejadas de la luz natural para Spazio-luce.

Los metalli se forman mediante verdaderos estudios compositivos que podemos ver en los dibujos preparatorios. Dentro de ellas trabaja una ley compositiva estricta que cambia levemente de pieza a pieza, con un ángulo ligeramente más inclinado aquí y otro allá. Tanto en los metalli como en Spazi-luce utiliza el efecto de repetición para nunca llegar a ningún sitio.

Son justamente estos metalli los que sitúan a Lo Savio como precursor del arte minimal. Literalmente son metales negros opacos, nada más que lo su título indica. Artefactos sin función. Justamente al comenzar la exposición con dos metalli, lo sitúa en un contexto y encuentra su sitio en el gran relato de la historia del arte. Pero la belleza de la indiferencia de principios de los 60 todavía no se ha hecho fuerte en Lo Savio, existe una intencionalidad total en cada una de las variaciones de los metalli, una carga de sensibilidad diferente, diría Yves Klein.

Como última etapa tenemos las múltiples “Articolazione totale', piezas escultóricas, donde a la literalidad de los metalli se une una puesta de escena teatral. El coeficiente de teatralidad de estas piezas reside en su capacidad de “hacer el espacio vacío perceptible” sin reducirlas a meros objetos.

Lo Savio representa uno de los últimos artistas en aferrarse al movimiento moderno y con su simbólica muerte en Marsella en la Ville Radieuse de Le Corbusier preludia su fracaso. El Reina Sofía enfrascado en su remodelación y en la de la modernidad sabe bien elegir los artistas bisagra con los que repensar el gran relato del arte contemporáneo. Aunque está exposición ayude a consolidar a Lo Savio como un artista tan interesante y conocido como sus contemporáneos Piero Manzoni o Yves Klein. Hay que lamentar que su breve trayectoria no haya sido lo suficientemente importante como para haber conseguido un folleto de la exposición o alguna referencia a ella en la señalética del museo que acercara a más visitantes no especializado al trabajo de Lo Savio.

Virginia Moya.

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