martes, 20 de octubre de 2009

Bernardita Lira



El arte no merece explicación
A partir de Francesco Lo Savio.


Me comí
las ciruelas
que había
en la nevera

y que
probablemente tú
reservabas
para desayunar

Perdóname
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías

(Justo es decirlo)
William Carlos Williams

Exposición en MNCARS, octubre 2009. Edificio Sabatini, planta 4, salas 406 y 407. Cometo el acto criminal de posar mi dedo índice en el vértice inferior derecho de una de las piezas de metal que flotan ante mis ojos, acto seguido por dos enormes linternas verdes exacerbadas por un par de anteojos ópticos y una voz de mujer, muy estresada, que arguye el no tocar por el no tocar. Este acontecimiento me devuelve de inmediato en el contexto de museo tradicional, donde la pieza es observada a través de los ojos, donde hay un muro blanco que sostiene la obra, y un cartel tipo que le pone nombre a lo que tienes al frente. Claramente éste no es un Museo de arte interactivo, me reprocho.

Silencio.

Francesco nos pide silencio. Nos invita a enmudecer ante la complejidad de su obra. Compuesta entre 1958 y 1961, el recorrido que nos propone el Comisario Daniel Soutif, nos permite ver la simultaneidad creativa en su obra, donde se reconoce la búsqueda de un lenguaje subversivo que proviene de la contención del gesto y lo estricto de la forma puesto al servicio de la luz como mediadora incansable entre la materia y la antimateria. Cinco años de trabajo que en cualquier caso podríamos segmentar en las etapas creativas o investigativas de un artista a lo largo de su vida, en Francesco están coludidos en un mismo tiempo. Su vida es corta.

Luego del bochorno de mi partida en el recorrido, donde estaban instalados dos de sus últimos trabajos de las piezas de metal, colección con la que comienza y termina la exposición de la obra de Francesco, nos encontramos con las acuarelas, Senza titolo, la mayoría, pasando por técnicas mixtas, tempera sobre madera y lápiz sobre papel de 1959, inicios de la experimentación que realizará sobre la luz, el color y las formas en su mínima expresión, pasando por sus Spazio luce, sus Filtro o estudios del color sobre filtros de papel, las piezas de metal en Metallo nero opaco , hasta llegar en 1962 a las Articolazione totale, piezas finales a las que podríamos llamar, a título personal, tesis de la relación movimiento- espacio- forma de Lo Savio, investigación que se confirma en la misma muestra a través de la exposición de sus cuadernos de estudio.

Después de su primera etapa, claramente de búsqueda en las acuarelas, impacta la colección Spazio luce, tal vez el aspecto más poético de su obra, donde al parecer es su propia oscuridad la que trata de esclarecer.

Cuadros de gran tamaño y de color imponente donde por lo general encontramos casi de manera imperceptible pero muy definida la presencia de la luz, al centro del cuerpo, como una voz que dice no necesito más que esto para existir. No hay excesos a la vista, la bomba esta oculta, pero puede estallar en cualquier minuto, más aun cuando sobre el lienzo hay un vidrio transparente que nos refleja la imagen de nosotros mismos frente al cuadro o más aun cuando no hay vidrio ni reflejo y estas ahí en frente, mudo y dudoso.

Pasamos entonces de la pintura al relieve. Las piezas de metal, son el aspecto más explicito de la exposición. A modo de tesis, el autor nos expone claramente los efectos de la luz sobre las formas, generando efectos (no efectos) de tridimensionalidad y vacío, donde las líneas curvas, rectas y relieves configuran el lugar de los objetos sobre el universo.

Tesis, por denominar con algo de tecnicismo, con la formalidad del lenguaje que se establece de golpe al presenciar esta obra, porque cada movimiento o postura de las formas provocan una idea diferente para con el espacio, donde podemos aterrizar al hombre, ausente en la obra como figura, pero muy presente desde el observador (nosotros), ante una diversidad de posibilidades de enfrentarse al espacio, al medio que lo rodea. La decisión es personal.

Sin duda las posibilidades de la tesis del movimiento-espacio-forma, se desarrollan con mayor claridad, aunque no concluyen, en la obra Articolazione totale, donde la dimensionalidad se ve expuesta desde distintas perspectivas del espacio, donde el fenómeno lumínico genera verdaderos cuadros de acción al interior de unas cajas blancas, cuadradas, descubiertas en dos alas y cuyo interior vacío esta obstruido por una nueva ala, negra, que la atraviesa, siempre en el mismo lugar, generando distintas sensaciones y apreciaciones sobre el espacio, en relación a la postura y la entrada de la luz en el agujero. Son la puesta en escena perfecta para una representación donde el hombre queda sujeto al medio y a su contexto espacial, inserto en el universo, ilimitado si lo decide.

El hombre, como cualquiera, como Francesco, o como William Carlos Williams, ocultando la palabra, el gesto explicito. Sólo nos queda interpretar. Hay algo difícil de pronunciar en esta obra, algo que se nos dice al oído, muy bajito, pero que jamás se nombra. ¿Qué hay detrás de éste Francesco que no pierde el tiempo en explicaciones, que ilumina los espacios inútiles, la oscuridad, que crea hasta que se agotan las palabras, hasta el suicidio? Tal vez, “Me comí las ciruelas que había en la nevera...”

El arte no merece explicación.

Bernardita Lira Manriquez.

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