martes, 10 de noviembre de 2009

Eva Ortega


DESILUSIONES FANTÁSTICAS

No vendría mal inventar una máquina para los momentos aburridos de la vida, una que nos permitiese avanzar y retroceder en el tiempo, desaparecer o teletransportarnos. Fantasear es necesario, al menos la artista Ruth Gómez cree que si no tuviéramos la capacidad para ilusionar y ser ilusionados estaríamos perdidos. Por eso ha creado la escultura La máquina de las maravillas, aunque nos desilusione el poder sólo mirarla dentro de la urna.

El mago Méliès sacó de su manga la ficción, utilizando el montaje del cine y los trucos para sus efectos especiales. El público que veía sus espectáculos quedaba asombrado y creía en su magia teatral. En cambio, en una aséptica galería del s. XXI es muy difícil conseguir ese aire mágico. Nos desilusionamos y descubrimos tristemente que el público ha perdido parte de su capacidad de asombro.

Ruth Gómez expone en la Galería Oliva Arauna Las ilusiones fantásticas, que se ofrece como un homenaje a la ilusión y al cine de Méliès mediante vídeos, dibujos digitales, vinilos y esculturas. Aunque la artista afirme que está buscando mundos ficticios que nos liberen de lo cotidiano, cualquier película animada es ya una ficción que nos transporta a otra realidad, y la muestra no ha conseguido transportarnos ni la magia, ni los efectos especiales de Méliès.

Mientras que la muestra Animales de compañía de 2005 mete al espectador en una jungla como metáfora de la sociedad, en la exposición actual el argumento funciona peor. La artista pretende elevar a la categoría de fantástica cualquier tipo de ensoñación por absurda que pueda parecer. El problema es que no todo se puede relacionar con la fantasía y la ilusión, ¿qué tiene que ver el pueblo de Cariño con el cine de Méliès? Se ha justificado algo que sin justificar hubiera quedado mejor. Tal vez Ruth Gómez tiene miedo de lo que puedan pensar los críticos y por eso da explicaciones, como en su obra Made in Musac, en la que lucha por superar el cruel desafío que los críticos imponen al emitir juicios.

La obra de Ruth Gómez se puede relacionar con la de otros creadores actuales que utilizan un dibujo animado inspirado en el mundo del cómic, colores planos de ordenador y cierta actitud crítica de la sociedad, como algunos artistas de las exposiciones Historias Animadas y Pintura Animada.

El montaje y el discurso de esta muestra no consiguen relacionar bien las obras entre sí, y sino, ¿qué hace un platillo volante, con flamencos rosas junto a una Máquina de las maravillas? A lo mejor si apretamos el botón, Méliès aparece para echarnos un cable. La artista utiliza todos los recursos que tiene a su alcance con el color rosa como única conexión. Por otro lado, el número de obras es el apropiado para el espacio de la galería y se establece un diálogo con el exterior al proyectar en el cristal un vídeo, aunque no sea el soporte ideal.

La única ilusión que nos queda al abandonar la exposición, para el que le ilusione, es la de ganar el viaje de ida a Cariño que se sortea.

Eva Ortega.

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