martes, 10 de noviembre de 2009

Xabier Gantzarain


2009: Odisea en la Tierra

Los mass-media se han encargado de recordarnos, por si alguien lo hubiera olvidado, que el muro de Berlín cayó en pedazos, pedazos convertidos en souvenir, hace ahora 20 años. Era el fin de las utopías socialistas, era la irrefutable prueba de la victoria absoluta del capitalismo como sistema económico mundial. Los alemanes lo celebraron por todo lo alto. Eran tiempos de esperanza. Eran tiempos de ilusión.

Pero la ilusión se desvaneció, y hoy, a finales de 2009, según Ruth Gómez estamos “inmersos en una crisis global y dentro de una sociedad caracterizada por el desencanto”. Fue el filósofo francés Gilles Lipovetsky quien definió el termino “la sociedad del desencanto” en su libro de título homónimo.

Las primeras obras de Ruth Gómez aglutinadas en Animales de Compañía analizaban certeramente este desencanto, mediante una estética fría que presentaba a unos personajes desafiantes pero asustados, perdidos en la jungla diaria, marcados definitivamente por la crueldad y la voracidad de la competición, en una cotidiana batalla por la supervivencia.

La artista, más lista que el hambre, no dudó en presentarse a sí misma como un producto en la obra titulada Ruth, made in Musac, después de haber pasado un año trabajando gracias a una beca del Musac. Siguiendo con su estética fría de colores estridentes, los cuales parecían convertirse en parte del diseño corporativo de la artista, trasladaba a la esfera del arte, donde todavía la originalidad y la unicidad son requisitos indispensables para cualquier artista, una reflexión teórica planteada por varios filósofos italianos y desarrollada especialmente por Paolo Virno, en la que subrayaban el hecho de que el trabajador ya no vende su fuerza de trabajo, sino su humanidad misma, entendiendo ésta como suma de capacidades: capacidad de lenguaje, de aprendizaje, de memoria, de relación, o de imaginación.

Convertido en producto y remunerado por su humanidad, el ser humano actual tiene una necesidad perentoria de evasión. En palabras de Ruth Gómez, “las ilusiones, perdidas o no y apoyadas en la realidad o no, son habitualmente las que nos permiten sobrevivir a nuestra cotidianidad”. No es de extrañar que su actual exposición lleve como título Las ilusiones fantásticas.

La exposición en sí es un homenaje a las ilusiones fantásticas como el cine de animación, los trucos de magia o los efectos especiales, pero lo excepcional de la muestra estriba en que la materialidad de las obras es, al mismo tempo, una ilusión. Los cuadros circulares, que hacen sentirnos como si miráramos por un catalejo, son en realidad dibujos digitales impresos sobre soporte fotográfico: no hay pintura en las pinturas. Todo es una ilusión. Como ese ovni que cruza la animación que se ve desde fuera y reaparece adentro como símbolo de otras vidas, otros planetas.

La ilusión es reconfortante. Sería terrible poder comprobar que Aldos Huxley estaba en lo cierto cuando espetó: “¿Cómo sabéis que la Tierra no es el infierno de otro planeta?”.

Xabier Gantzarain.

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