viernes, 29 de octubre de 2010

VICTORIA CIVERA | La aventura que no renuncia al sentido

Priscilla Echeverría Alvarado


Madre Norte. Es el nombre de la exposición de Victoria Civera que se presenta en la galería Soledad Lorenzo del 19 de Octubre al 20 de Noviembre. En esta ocasión, la artista presenta un conjunto de trece piezas que se encuentran distribuidas en tres salas de paredes blancas, algunas de gran formato, otras relativamente pequeñas y una instalación. Trabaja en acrílico, tela y otros materiales como cintas, lo que le aporta textura a su propuesta a veces figurativa, otras, abstracta. La instalación viene a ser un “detalle” que rompe la serie que cuelga de las paredes, tanto por su género y forma, como por su colorido. Varios tondos de fondo blanco evocan por el título de la exposición, los “tondi” renacentistas de Miguel Angel “La sagrada familia” y “la Virgen del Magnificat” de Boticelli. Madre Norte, la madre que orienta.

Parte de esta obra ha sido expuesta previamente en esta misma galería, pero llama la atención en la selección, el tratamiento del color en su conjunto, ese paso del uso de los colores vibrantes de trabajos anteriores a la presencia de tonos opacos o combinaciones monótonas rematadas por la intromisión de entusiastas detalles en rosa, rojo, naranja. El uso de tonalidades de cierta suavidad o apagamiento, pretende dejar más al descubierto lo esencial: la ingenuidad o intensidad de las figuras, su movimiento y su esfuerzo de metamorfosis, tal vez condensado en esa figura de oruga que aparece en algunos cuadros. Como contrapunto, la intimidad, el agujero negro del universo, el silencio que se encuentra en el uso de los formatos más pequeños, del negro y el café, lo recóndito que lleva al infinito del sexo de una mujer. Encontramos en esta muestra un intento de lo que la artista relata acerca de su necesidad de depuración: “..depurar la idea al máximo, buscando silencios y susurros, intensidad.”

Victoria Civera continúa con su trabajo acerca de las mujeres, su salida y urgencia de atadura al universo. No es difícil pensar que se trata de su propia experiencia, pero en este caso, en esos tondos de gran formato, pareciera tratarse de un deslizamiento hacia su condición de maternidad, de mujer a madre de una hija. En su operativo, trata de articular la intimidad con ese caminar en el mundo, darse a ver sin que lo más interior se destruya. El trabajo de gran formato es de suyo abarcativo, expresivo, pero el mundo exterior tiene también sus amenazas que son representadas generalmente por algo que se puede interpretar como símbolo fálico, el que quiere ver reducido a una especie de caricatura. El círculo, en cambio, es protector, materno, profundo. En uno de estos tondos del 2009, llamado “Con Jumba” la sensual joven abraza con aprehensión al animalito que sostiene con su cuerpo. Desde dos círculos negros a sus costados se asoman unas lenguas, que se dirigen a ella como pequeños falos amenazantes. El lienzo se desborda, pero al hacerlo, da la sensación de que se arraiga. Círculo seguro, protector, que empuja más allá pero que da estabilidad. En otro de ellos, (Centro abierto, 2010), la figura femenina se soporta en dos círculos, el del fondo y el que tiene al frente, como escudo o como ojo abierto que mira hacia fuera. Aparece también el detalle de una oruga verde que se desliza por el borde, que curiosamente es también una figura fálica, pero transformada esta vez en algo que algún día se mudará y alzará vuelo. Estas dos telas de estricto fondo blanco, contrastan con el negro y sideral “Atada al universo” (2010). Una también joven figura corre entre las ondas magnéticas y recuerda a las heroínas de las series de animación.

Victoria Civera sí que sabe de sensualidad, pero la trayectoria de la mujer se ve siempre amenazada por la condición masculina convencional que proviene del falocentrismo. En “Before” (2010), una mujer es tomada de los brazos por dos hombres. Viéndose forzada, emite un gesto de dolor. Aquí, el trabajo del color es una guía. Las manos enguantadas de esos hombres de traje entero están teñidos con el aguamarina del abrigo de la mujer. La figuración da para la interpretación. En “Derrame” (2010), la sensual figura femenina, sostiene en sus manos algo punzante; en “No te escapes” (2010), la joven sale de su cueva de hielo y avanza cauta, con algo también filoso en su mano derecha, mientras en la izquierda porta lo que parece ser una bandera blanca. En muchos de sus cuadros, la mujer sangra, la nota de color es entonces, dolorosa.

Su tema es la mujer en cuanto objeto, como objeto de sí misma en tanto el objeto se define como femenino; al final del recorrido nos ofrece una silla. La trayectoria concluye con la excepción; la silla juguetona fiel a la textura y al escándalo del color; heno, plastilina, acrílico, cuerda. Si bien Victoria Civera ha “limpiado” el fondo de explicación y de sentido, no renuncia a ella. La artista se aventura sin alejarse de la significación.

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