sábado, 15 de enero de 2011

“Soy... un texto borroso”


Entrevista con el artista Manuel Antonio Domínguez (1976, Huelva), cuya obra se va a exhibir en JUSTMAD 2011, feria de arte emergente. Entre las diversas exposiciones individuales del artista las más significativas son "El Hombre sin Cabeza" en la Sala Espacio Invisible 2007 (Sevilla) y "Del mismo modo, en sentido contrario" en la galería Ángeles Baños 2010 (Badajoz).

¿Dónde acaba Manuel Antonio Domínguez y dónde empieza el Hombre sin Cabeza?

Para una persona “mentirosa” como yo, los papeles se amalgaman y termino siendo un poco de todo, me distribuyo lo que más me interesa de cada parte, la normalidad aparente y racional que puede aportar un perfil como el de Manuel Ant., o la visibilidad y cobertura que ofrece el HSC para actuar sin problema alguno. Supongo que conviene saber los rasgos de cada cosa y a partir de aquí utilizarlos dependiendo de la situación. Me hubiese gustado ser una persona que aplica más el verbo “elegir” que “utilizar”, pero realmente hasta hace poco no me he sentido con valor para intentar definirme y creo que aún me cuesta acotarme.

Tus obras siempre apuestan por la pluralidad...

A pesar de la irregularidad que podría esperarse de un hombre acéfalo, el HSC ha sido el que me ha permitido, paródicamente, posicionarme y cuestionarme en muchas variantes, prohibiciones y vergüenzas. Muchas veces he pensado que no llego a tener unas cualidades propias y esto que comento está rozando lo trascendental, pero me resulta muy difícil encontrarme cara a cara con todo lo que supone el estereotipo.

¿El hombre acéfalo es tu "máscara", tu "disfraz"?

Después de oír esta pregunta, me viene a la cabeza (no sé si es por haber visto la película o por el uso indebido que estoy haciendo del Facebook) todo un mundo dentro de la red social que hacemos las personas acéfalas.

¿El posmoderno homo optionis?

Sí, lo que dices, la posibilidad de adoptar y optar por la mejor opción cuando uno quiere, es algo muy preciado. Me pregunto qué es más satisfactorio, si tener varias opciones o pocas. En todo caso, HSC se ha convertido en una herramienta-puente.

Principalmente en tu producción artística, HSC atraviesa los antiguos mapas del mundo que dejó de existir. Su traje parece más bien un corsé. Su cuerpo es más bien la prisión de la que no se puede huir. Estás parafraseando a Simone de Beauvoir diciendo "no se nace hombre, se llega serlo", ¿hacia dónde quiere llegar HSC?

Me resulta difícil decidir dónde quiero llegar. No sé cuándo parar y hasta dónde se puede llegar, el caso es que quedo extenuado cuando paro. La aptitud que se logra al llevar un corsé, es la de saber que aunque te duela funciona y tristemente es una insana convicción. El desdoblamiento de lo que se ve y lo que se siente casi genera ella sola una prisión. En mi caso la supuración y el hilo conductor me va liberando de ella.

El collage es la técnica artística que te acompaña desde siempre...

La utilización del collage ha supuesto desde siempre la posibilidad de crear composiciones a partir de una recopilación de imágenes sueltas de mi deseo y que han sido acumuladas durante una larga disputa con lo social. Muchas veces ha resultado ser un gran esfuerzo completarlos con un mensaje cuyos fragmentos han salido de mi fondo de armario o mi biblioteca de estudiante. Libros de texto que he diseccionado en busca de mi propia visión acerca de las sanciones sociales, de la educación dada y de la pulsión erótica. Muchas veces pienso que la utilización de fragmentos de ciertos libros me sirven no sólo como elementos plásticos, sino también como elementos donde quedará reflejada la utilización de una máscara obsoleta y desde la que se podrá asumir lo distorsionado de ciertas realidades.

HSC nos habla usando símbolos, de doble significado...

En muchos casos me resulta difícil exteriorizar en las piezas pictóricas el uso que hago de ciertos símbolos. Mi argumentación a través de imágenes de irreverentes hombres acéfalos enchaquetados, estructuras arquitectónicas endebles o del uso del color rosa en el cuerpo masculino, es para plantear lo necesario de propiciar una desestabilización de las categorías y llegar a la identidad cambiante.

A partir de 2008 el tamaño de tus trabajos cambia. HSC aparece en un territorio blanco. Las narraciones que desarrollas dentro de tus obras son más complejas y más ácidas. ¿La rabia es inspiradora?

Juan Vicente Aliaga y toda una temática de género desconocida hicieron un levantamiento muy revelador de lo que era y lo que soy... un texto borroso. La peculiaridad de encontrarme con el territorio blanco casi vino como resultado del inicio de una faceta de mi vida en la que se comenzaba a saber de mis gustos y disgustos. Los imaginarios salieron, la crítica era inminente y el discurso demasiado extenso para resumirlo en la definición “de género”. Fue y es algo muy terapéutico.

Pero en tus trabajos de los últimos dos años depuras tu lenguaje artístico. ¿De dónde viene este cambio?

De verme construido por personas e ideales que eran y son concebidos como lo normal. El enfrentamiento entre la naturaleza y la cultura me llevó directamente a la familia, y con aires de valentía abordé ciertos temas directamente… bueno, aunque fuesen en forma de piña.

¿Piña como armadura de muchas capas?

A diferencia de otros rasgos minoritarios que han sido germen de discriminación, como ciertas características físicas, la homosexualidad, en muchos casos, puede ser ocultada o disimulada socialmente. De este hecho se deriva que otorgue tanta importancia a las distintas maneras de visibilizar ese estado de ostracismo. El símbolo de la piña me proporciona la posibilidad de ofrecer un discurso donde lo impenetrable de la personalidad se haga patente.

¿HSC es la víctima del mundo que obedece al orden fálico?

El HSC, en ese aspecto de víctima, ha ido cambiando. De ser victima al ofrecerse a través de la ausencia de cabeza, sin identidad y con deseos de ser respetado enfundándose en ese traje, pasó a decidir por sí mismo que si no tenía cabeza era porque él no quería. El cuerpo comenzaba a desvelar el sujeto, y al menos ahora soy consciente de que soy una víctima.

En tu última exposición individual titulada “Del mismo modo, en el sentido contrario”, celebrada en la galería Ángeles Baños (Badajoz) vuelves a hablar sólo de la identidad masculina, o mejor dicho, de los modos de adiestramiento de la identidad masculina dentro de la cultura heterocéntrica. En las postales antiguas, igual que en tus trabajos anteriores (Acuarelas sobre mapas, El irreverente Príncipe Rosa, Monstruos) haces una intervención pictórica del color rosa recontextualizando los modos de sus lecturas.

Si es cierto que el adiestramiento tiene una parte importante que consiste en la repetición de un mismo acto, en ese sentido al retomar o revisionar aspectos que podrían estar en imágenes o registros del pasado desde una posible nueva perspectiva de color rosa, podríamos estar hablando de un adiestramiento de cierta identidad masculina. Es un modo de desestabilizar el sistema falocéntrico desde los pilares en blanco y negro.

En breve vas a presentar tus obras de nuevo en JUStMAD ¿qué vas a presentar?

Presento el proyecto “Yo creo que soy una bellísima persona”, continuando con el eje temático de la masculinidad como algo construido. Ironizando entre reconstrucciones, acumulaciones, cuerpos por definir y análisis sobre algunas masculinidades, el trabajo desarrollado profundiza en la fijación obsesiva de la construcción del cuerpo masculino desde la metáfora de una casa que construir para ser relacionado con otras realidades. Desde que una masculinidad insegura se siente amenazada, ésta responde con la búsqueda de estereotipos que le alejen de toda sospecha de una blanda masculinidad. El trabajo que voy a presentar profundiza en la investigación de este proceso, en el que la inseguridad replantea un cambio físico del hombre hacia cualquier ubicación en la que su hombría no sea relacionada con la de una aparente masculinidad blanda. La identidad personal resulta difícil de establecer en muchos casos en los que no es aceptada una parte importante de ella, concretamente su sexualidad. En este caso, la sensación de estar constantemente haciendo una construcción para cada posible relación no deseada acaba terminando con una inseguridad cubierta por músculos, hábitos sin credibilidad y fachadas de nosotros mismos difícilmente sostenibles para ser montadas en cualquier otra parte. Para retratar este fin me valgo de un universo simbólico donde las estructuras de hilos ofrecen un aspecto orgánico del problema, el color rosa nos habla de una estereotipada tendencia sexual y donde los fluidos advierten un nivel de contención difícil de mantener.



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