domingo, 9 de enero de 2011

COME NIÑO COME. Katharina Grosse: la arquitectura del color.

Galería Helga de Alvear. Dr. Fourquet, 12.
Del 11 DE NOVIEMBRE AL 9 DE ENERO DEL 2011.



Una mujer enfundada en un traje protector, guantes, botas. Se desplaza en una plataforma rodante, armada de un compresor. Con movimientos vigorosos mancha las paredes del cubo blanco en una prestigiosa galería o un museo. Katharina Grosse nos demuestra que no tiene miedo del color ni del espacio. Artista alemana, radicada en Dusseldorf y en Berlín, ha realizado su trabajo en muchas galerías y museos importantes del mundo. Esta es su segunda exposición en la galería Helga de Alvear en Madrid donde nos da a ver siete pinturas enmarcadas en grandes formatos hasta de cuatro metros por tres que se han dispuesto en dos grandes salones de paredes blancas. Si bien no nos presenta sus site specific en esta ocasión, el uso monumental del color y el espacio, las capas múltiples superpuestas de colores primarios y secundarios produce un poderoso estímulo al ojo. Y esta, es solamente una muestra de los alcances de la obra de Grosse quien con la arquitectura como soporte, transgrede todo límite y arremete contra las paredes, techos y ventanas y a veces, arrastra los verdes, amarillos, rojos y azules hasta las fachadas y el césped. Produce así un efecto tridimensional en la pintura. Grosse es sensualidad pura de tal fuerza que hace parpadear a los colores, creando una suerte de movimiento tintilante. A su paso, no hay nada que se le resista, desborda cualquier límite y ella sabe muy bien qué es lo que busca y lo goza sin complejos. No necesita palabras para articular un discurso liberador que en este caso, es terriblemente femenino. Lo adecuado, discreto, callado y contenido caen derretidos por la pared en una fina capa acrílica para dar paso a lo espontáneo, elocuente y seductor. Imposible no recordar la orden de:”no salirse de los bordes!” de las lecciones de dibujo y pintura de la infancia. Pero ella nos propone hacer exactamente lo contrario y comernos el espacio y el color, como quieren hacer los niños y las niñas. Y es que la obra de Katharina Grosse es toda una propuesta teórica. Para ella, la pintura no es un sistema coherente que tome forma a partir de los bordes. Una pintura no es una ventana; más bien, nos dice, cualquier cosa es una ventana, porque toda superficie es ilusoria y la pintura puede ser elemento articulador en el constante cambio. En sus inicios trabajó capa a capa dos colores, insertando textursa como barro o cera y conservando ese gesto original de vuelta a lo básico, al movimiento vertical de arriba hacia abajo. Pronto descubrió la interacción del color y desde 1998 utiliza la pintura en spray aplicada directamente a las paredes o recientemente, a las formas que esculpe con styrofoam cortado con alambre caliente o con fibra de vidrio así como a los acrílicos pulverizados que semejan la tierra. Su técnica de pintura es inmediata, pensar y pintar son simultáneos, como en Paul Klee y Kandinsky, pero sus enormes superficies violentan la arquitectura y producen un efecto en el espectador, ese que buscaban los futuristas y el Blaue Reiter. Si bien es heredera del expresionismo alemán, nos sostiene que hay narrativa en su trabajo, ya que cada nueva pieza refiere a la anterior, retoma esas ideas otra vez, pero en un lugar diferente y bajo otro punto de vista. Reconoce que se sostiene en esa historia que proviene de Lovis Corinth, representante de la Secesión y el estallido cromático de J.W. Turner, que son sus fuentes reconocidas de información. Pero también esta artista mujer extraordinaria, es capaz de admirar el atrevimiento de Robert Smithson y el poder popular anónimo, del graffiti.


PRISCILLA ECHEVERRÍA .

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