domingo, 28 de noviembre de 2010

DE LA REPETICIÓN DE LO EFÍMERO AL ABURRIMIENTO PERMANENTE

Durante apenas dos meses las salas de La Casa Encendida de Madrid albergan la que ya ha sido etiquetada como “la primera muestra de arte efímero en España”, esto es, un tipo de manifestación artística que conjuga la utilización estética del espacio con la creación de un tipo de obras cuya existencia física es limitada, pasajera, debido en gran medida a los materiales y las técnicas utilizadas, cuando no intangible. Los comisarios encargados de abanderarla son la inglesa Flora Fairbairn y el francés Olivier Varenne, ya involucrados es proyectos precedentes de índole similar. Fairbain, creadora de la promotora artística Flora Fairbain Projects, se ha caracterizado por la transformación de espacios en desuso o salas de exposiciones temporales desde el año 2000. Por su parte, Varenne es comisario jefe del departamento de arte contemporáneo del Museum of Old and New Art (MONA), en Australia. Ambos han seleccionado un total de trece artistas cuyas piezas tratan de interpelar los sentidos del visitante, provocar emociones, estimular recuerdos, despertar deseos o transmitir sentimientos, jugando con nuestra memoria y capacidad asociativa, sin embargo, lo que a priori se perfila como un importante y jugoso paso adelante en el arte contemporáneo patrio en un panorama donde los jardines impresionistas despiertan elevadas pasiones, acaba por sustentarse en un débil andamiaje, sin fuerza, donde las expectativas se ven truncadas salvo por ocasionales destellos. A pesar del interés que supone la mutabilidad de unas piezas que cambian constantemente, otorgando a cada visita el don de la novedad, cabría esperar más de algún artista que comienza a ser reiterativo en sus obras, pues a pesar de que desde La Casa Encendida se afirma que la mayoría de las piezas se han creado para dicho lugar, sería más riguroso afirmar que han sido “adecuadas” para sus salas. A modo de botón de muestra, se puede contemplar la instalación del músico C. Boursier-Mougenot, Fron here to ear, quien ha dispuesto una serie de instrumentos musicales en los que al posarse unos pájaros se crean las notas de una música irrepetible y, aunque el planteamiento es interesante y ésta es la variación 11, desde que presentara dicha obra en el Contemporary Arts Centre de Cincinnati, en EE.UU. allá por el año 2000, parece haberse encasillado en lo mismo. Semejante concepto abstracto de la música como interpelación fugaz y pasajera es el que ha llevado a Gregorio Zanon a crear una performance interactiva más aburrida que atractiva. A. Gallaccio, fiel a sus trabajos con materia orgánica desde 1992, propone una habitación cuyas paredes se cubren con chocolate, todo un estímulo a los sentidos, la misma senda por la que camina C. Morgan aunque con peor suerte, con una instalación donde conjuga fresas y animales disecados que viene haciendo desde 2004. Decepcionan dos pesos pesados como A. Goldsworthy y R. Signer con unas videoproyecciones que rayan el anacronismo y K. Kraus vuelve a presentar una obra creada en 2006 para la Galerie Neu de Berlín a base de un bloque de hielo, tinta y una bombilla, de la que tan sólo queda la huella como la silueta de un cadáver. M. Creed expone la pieza que le valió el Premio Turner 2001, propuesta controvertida y discutible, quizá ahí esté su grandeza; M. Blazy promete desagradar con su cripta, y lo consigue; pero lo más destacado se debe a C. Shiota y a T. Seghal. La japonesa propone algo tan efímero que sea nuestra propia mente la que los construya y lo destruya mientras que Seghal, al no consignar cartela informativa ni permitir que se grabe lo que realiza, consigue que This is propaganda se esfume casi al instante, ¿no es eso la esencia de lo efímero?

Jorge Cruz.

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