lunes, 1 de noviembre de 2010

Victoria Civera: Madre Norte y el infinito buscar.




La galería Soledad Lorenzo dedica una exposición a la artista Victoria Civera (Valencia, 1955) que recoge una pequeña muestra de las obras realizadas entre el 2008 y el 2010. Un hecho que supone un acercamiento a la artista desde su corpus artístico ultimum. Civera es una artista consagrada, con una carrera sólida y productiva, tal como se puede apreciar en las numerosas exposiciones individuales en las que ha participado, no sólo en ciudades europeas, también norteamericanas, como Nueva York, donde actualmente reside y trabaja. Civera no puede ser enmarcada dentro de una única corriente filosófica–artística, como la crítica feminista, si bien es cierto que en sus obras predomina la iconografía femenina como último eslabón temático. Así mismo, tampoco se la puede enmarcar dentro de una única técnica artística, puesto que a lo largo de su carrera ha trabajado con la escultura, la instalación y la pintura, donde parece sentirse más cómoda sin por ello desechar las demás opciones. Es ésta una exposición donde la pintura predomina- a excepción de dos obras- y que por tanto nos sumerge en el mundo matérico de la artista. Dividida en cuatro espacios diferenciados, el espectador puede deambular por el universo onírico y temático que Civera propone. El primer espacio queda delimitado por tres grandes tondos, formatos circulares que nos presenta a una mujer en cada caso. En Con jumba una mujer se erige como protagonista indiscutible, mujer por otra parte, es presentada ligera de ropa y con unos enormes tacones que la sitúan dentro de cualquier icono fashion actual, solo que sujeta un mono, un elemento irónico y crítico. Secundado por otro tondo de iguales dimensiones, llamado Centro abierto con una iconografía muy similar, que también juega con los colores monocromos en tonos blancos y que a su vez realiza una meta alusión al círculo que la tapa, simbolizando el origen y final abierto.

El otro tondo presenta una mujer vestida, respondiendo a las cánones de belleza occidental, colocada en un fondo negro, con una clara alusión al universo, tal como reza su título. En el fondo de la sala, uno de los cuadros más grandes, capta la atención al instante, se trata de Searcher, donde una mujer desnuda parece caminar en un fondo de rallas negras sobre blanco. Civera reinventa la estética heredada del Op art en este cuadro, y nos presenta una psicofonía de líneas reticulares que recuerdan a una suerte de prisión. Relegada a la profusión ascendente de las líneas, queda el cuerpo femenino desnudo, que parece buscar una salida inexistente. Cierran esta sala dos cuadros de pequeño formato, que la artista ha titulado Pecadillos familiares donde el cuadrado y el círculo se insertan en un juego antagónico y simbólico.

El segundo espacio queda dividido por tres obras muy significativas que bucean en el color azulaceo. After y Before, dos cuadro contrapuestos, contienen un fuerte componente de violencia. Apenas se asoman las cabezas femeninas que parecen exhalar su último aliento de vida. Uno de los cuadros tiene esbozados dos hombres dibujados a lápiz, lo que acrecienta la sensación de amenaza. El cuadro que preside este espacio, llamado Derrame, presenta una mujer derrotada en el fondo de la monocromía azul grisácea, y parece dormitar entre un espacio incorpóreo, abstracto. El vacío queda presente en estos cuadros, se trataría de una reducción geométrica malevichiana, haciendo casi literal la expresión de Hegel: “ no hay nada que mostrar”.

En el último espacio de la galería, se encuentra una de las obras más impactantes de la muestra: No te escapes. En ella vemos a una mujer intentando huir rodeada de un paisaje de reminiscencias antárticas. La abstracción del entorno y la atmósfera gélida envuelve a la protagonista femenina en una búsqueda y huída incompleta, como si quisiese escapar del cuadro.

En estos trabajos presentados, la mujer es el epicentro del círculo, de la espiral de búsqueda hacia su interior. Se trata, no sólo de proponer una crítica feminista a través de ciertos estereotipos, fetiches consumibles, tal y como nos presenta en los tondos iniciales, sino de indagar y mirar más allá, revolver en su mundo personal y mostrar lo invisible. Por ello el juego entre el circulo como principio y final de un recorrido introspectivo, por ello la abstracción y la figuración, por ello aparece, en dos de sus cuadros paradigmáticos, la oruga, que no hace más que enfatizar la conexión con el subconsciente individual, con el ansía de renovación, con la escucha y la observación debajo de la piel de la artista. Lástima que no se pueda ver cómo la oruga se convierte en mariposa en Hacia lucerlandia cuadro que no está expuesto pero que aparece en el catálogo, igual que la obra que da nombre a la exposición, Madre Norte, sin duda una clara alusión hacia la búsqueda y orientación de si misma. Fallo de la galería.


Irene L.

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