domingo, 31 de octubre de 2010

Victoria Civera "Madre Norte"

Madre Norte es el título que da nombre a la exposición de la artista valenciana Victoria Civera, que se celebra en la madrileña galería Soledad Lorenzo, lugar que ya exhibió en los años 2001, 2003 y 2007 obra suya. Un total de diecisiete piezas componen la muestra y proponen un interesante recorrido que pone de relieve la evolución artística de Civera, dando buena cuenta de los senderos por los que discurre su producción pictórica y escultórica en la actualidad.
Vertebrada en cuatro espacios que atienden a la división arquitectónica de la gelería, las piezas interpelan desde el primer momento al visitante que se adentra en las diáfanas y luminosas salas, quien es acogido por una primera estancia de paredes blancas y suelo de color crema que recrea una atmósfera de sosiego muy adecuada para una cómoda y pausada contemplación de las obras. De sus muros cuelgan seis telas de diverso formato con amplio espacio entre las mismas y gracias a su distribución se permite una primera visión de conjunto para, posteriormente, observar con detalle una a una, escudriñando con la mirada la conjunción de nerviosas y potentes pinceladas en algunos de sus lienzos, como por ejemplo en Atada al universo, una obra de formato circular en la cual se nos muestra una figura femenina atrapada en una suerte de tela de araña metafórica, que parece restringir su capacidad de movimiento, en definitiva, su libertad, donde la artista hace uso de una pincelada fuerte y muy empastada, principalmente en el rostro de la muchacha, logrando en la composición un gran dinamismo gracias al trazo rápido y sinuoso. El pictoricismo de esta tela contrasta con las dos piezas situadas a continuación en las cuales la pincelada suave y delicada cobra protagonismo, como en Pecadillos familiares (B), donde se representa una sucesión de círculos concéntricos sobre un fondo blanco sin apenas imprimación, que permite ver en algunas zonas la trama del lienzo. Civera aplica una pincelada acuosa, poco matérica, dejando entrever el carboncillo del esbozo previo. En este sentido son elocuentes las palabras de J. M. Bonet al apuntar que algunas de sus pinturas necesitan de mucho blanco alrededor para que se asiente su tranquila y misteriosa presencia.
La artista recurre al soporte circular en ocho piezas del total exhibido, a las que Civera denomina fondos, como recordaba José Luis Clemente en el catálogo de una exposición celebrada en Burgos en el año 2000, en detrimento de la tradicional forma cuadrada o rectangular, algo que entronca directamente con una de las constantes en la producción de la artista desde los primeros años de la década de los ochenta, que es el uso del círculo, tanto en el soporte como tomándolo a modo de estructura compositiva vertebral, en palabras de Calvo Serraller, o en ambos. En Madre Norte se pone de relieve la libertad artística de la que la valenciana ha hecho gala desde sus inicios, ya que recurre a distintas formas, tamaños así como técnicas y materiales, siempre en función de sus necesidades expresivas. En (Searcher), una pintura de grandes dimensiones que preside la sala, heredera en gran medida de Anda y pasa (2005), se observa un elemento clave en la obra de Civera sobre en que también incide en Centro abierto, Con Jumba o en las tres telas ubicadas en una sala contigua de dimensiones más reducidas, Before, After y Derrame; se trata de la mujer como elemento vertebrador de su pintura a la que se aproxima desde múltiples perspectivas invitando a una profunda reflexión y explorando los pedregosos caminos del sufrimiento o el dolor. Esta exposición demuestra que Civera apuesta por una pintura figurativa, alejada en gran medida de sus obras más expresionistas y tendendes a loa abstracto de épocas precedentes, así como por la introducción del gran formato que resta protagonismo al pequeño, propios de los años noventa y en base al cual Márcia Fortes había calificado sus obras como haikus. Al fondo de la galería, en el ámbito situado a mayor altura, donde unos pequeños vanos permiten que la luz natural penetre e inunde el recinto, destaca una escultura en forma de silla realizada en metacrilato sobre un bloque de paja y frente a ella el lienzo de mayores dimensiones de toda la exposición, No te escapes, cuyas calidades y texturas son magníficas, en el cual se perciben las huellas de gruesos pinceles, el goteo de la pintura y donde un cielo amenazador se cierne sobre una mujer que hunde sus pies en una superficie irregular e incierta.
A modo de despedida, en la planta inferior, bajo la estancia principal, dos obras comparten espacio, por un lado una escultura titulada Seat to flor, donde ha situado unos trozos de tela en el suelo a modo de pétalos de los que emergen de forma sinuosa trece anillos, que en realidad parecen ser cojines donde ningún color se repite y una pequeña pintura que muestra un paisaje apenas esbozado enmarcado por un círculo, todo un compendio de la ambigüedad, intimismo, poesía y reflexión que caracterizan la producción artística de Victoria Civera.
Jorge Cruz

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