lunes, 1 de noviembre de 2010

Victoria Civera: Madre Norte

Victoria Civera: Madre Norte

Galería Soledad Lorenzo

Lidia Mateo Leivas


Podría decirse que la obra de Victoria Civera roza casi el simbolismo, como evocan tanto los oníricos paisajes que enmarcan figuras femeninas solitarias, como las formas circulares recurrentes, o la propia tensión de la ausencia explícita.

Sin embargo, no siempre fue así. Pese a contar desde sus comienzos con la imagen de la mujer como paradigma de su obra, la artista valenciana ha sabido evolucionar para reinventarse y ser finalmente capaz de representar toda la fuerza expresiva de la que ya gozaba desde sus inicios, aunque reduciendo ahora las formas a la mínima expresión. La artista, con el tiempo, ha pulido su propio estilo, desbastando lo accesorio y recurriendo a lo esencial. Ese punto álgido, cúlmen o cima que podríamos llamar, ese lugar que exige del artista que lo alcanza el haber dedicado forzosamente su vida al oficio (aunque no sean sólo los años los que necesariamente conduzcan a tan anhelado lugar) es, precisamente, lo que la galería Soledad Lorenzo nos presenta en su nueva exposición, Madre Norte.

El reductivismo formal, casi minimalista, concuerda con la definición que la propia autora da de su obra, a la que califica de silencio. Su simplicidad no le resta significado sino que lo potencia. Se trata de la imagen real de la mujer en la multiplicidad de su propio estereotipo, en donde Victoria, si bien extrae modelos propios de los mass media, lo hace subvirtiendo su rol y enfrentando a la mujer contra sí misma, contra su soledad, contra sus temores, contra el universo hueco que queda tras la lucha por la supervivencia. La artista parece retratar así, con tremenda sensibilidad y poética, la feminidad existente dentro de sí misma.

En la obra expuesta los círculos y los óvalos se repiten con insistencia en cada uno de sus lienzos, de forma que su representación parece estar ligada a la relación de dichas formas con la mujer. La curva, que modela el cuerpo femenino y se atribuye a sus órganos sexuales, está también emparentada con el origen y la fertilidad. Además, si el círculo representó la máxima expresión de la perfección platónica, el movimiento perfecto desde la antigüedad clásica fue a su vez el circular, cuya trayectoria guiaba el desplazamiento de los cielos y orbes celestes. De hecho, el círculo en la obra de Civera ha trascendido el lienzo ya desde los años ochenta, cuando la artista comenzó a utilizar soportes de forma circular a modo de tondos en lugar de los convencionales rectángulos.

La pintura diluida se enfrenta en el lienzo al óleo más pastoso. Unos simples trazos de lápiz delimitan una formas bien acabadas. El color blanco y el gris dominan casi todas las superficies de los cuadros que se tornan así casi monócromas. La simplicidad, tanto cromática como formal, lidera la muestra, la hace coherente y la funde en el todo representado. Así, desde los gritos sordos enfrentados de los dos retratos de la sala central situados junto al cuerpo que yace inerte, en extrema quietud y sosiego, al conjunto de círculos concéntricos custodiados por la mujer que sostiene un puñal, pasando por las siluetas femeninas cautivas en formas esféricas o en paisajes imposibles de realismo sesgado, la muestra permite que cada una de sus partes concuerde y que, aún teniendo cada una su propio sentido autónomo, el conjunto posea también un significado propio. Por otra parte, la escultura, aunque en un papel secundario, forma también parte de este juego simbólico vertebrador.

Si bien hemos hablado de una evolución formal de la artista hacia líneas más depuradas, sería injusto no hacer mención aquí al creciente tamaño en los formatos de sus obras lo que sin duda prueba que la autora se siente ahora más cómoda con su obra que abiertamente expresa sin tapujos, a lo grande. Todo ello denota, al fin y al cabo, la madurez de la persona que ha sabido encontrar no sólo aquello que quiere expresar, sino la forma específica y apropiada, es decir, ha sabido encontrar su propio lenguaje original y exclusivo, como demuestra en cada uno de sus trazos.

No deja de ser curioso el hecho de que la muestra se titule Madre Norte, al igual que un cuadro de la artista, que curiosamente se encuentra ausente en la exposición. No sé si ésta es una forma más de evidenciar explícitamente la ausencia que ya de por sí acarrea su producción, una forma de expresar aquello que, aunque no está, no por ello deja de estar presente. Y es que la obra de Victoria Civera tiene mucho que ver con el vacío y con el silencio, con la soledad y con la ausencia. Es la expresión de lo reducido, de lo mínimo, de lo callado, de lo que casi no es o está desapareciendo. Sus lienzos son como esos pensamientos fugaces que, en nuestra mente, van y vienen incesantemente, que tan pronto están como se escapan. Es falta y es hueco, es oquedad y agujero, es la huella de la ausencia de lo que fue o, quizás mejor, de lo que aún está por venir.

Victoria Civera: Madre Norte y el infinito buscar.




La galería Soledad Lorenzo dedica una exposición a la artista Victoria Civera (Valencia, 1955) que recoge una pequeña muestra de las obras realizadas entre el 2008 y el 2010. Un hecho que supone un acercamiento a la artista desde su corpus artístico ultimum. Civera es una artista consagrada, con una carrera sólida y productiva, tal como se puede apreciar en las numerosas exposiciones individuales en las que ha participado, no sólo en ciudades europeas, también norteamericanas, como Nueva York, donde actualmente reside y trabaja. Civera no puede ser enmarcada dentro de una única corriente filosófica–artística, como la crítica feminista, si bien es cierto que en sus obras predomina la iconografía femenina como último eslabón temático. Así mismo, tampoco se la puede enmarcar dentro de una única técnica artística, puesto que a lo largo de su carrera ha trabajado con la escultura, la instalación y la pintura, donde parece sentirse más cómoda sin por ello desechar las demás opciones. Es ésta una exposición donde la pintura predomina- a excepción de dos obras- y que por tanto nos sumerge en el mundo matérico de la artista. Dividida en cuatro espacios diferenciados, el espectador puede deambular por el universo onírico y temático que Civera propone. El primer espacio queda delimitado por tres grandes tondos, formatos circulares que nos presenta a una mujer en cada caso. En Con jumba una mujer se erige como protagonista indiscutible, mujer por otra parte, es presentada ligera de ropa y con unos enormes tacones que la sitúan dentro de cualquier icono fashion actual, solo que sujeta un mono, un elemento irónico y crítico. Secundado por otro tondo de iguales dimensiones, llamado Centro abierto con una iconografía muy similar, que también juega con los colores monocromos en tonos blancos y que a su vez realiza una meta alusión al círculo que la tapa, simbolizando el origen y final abierto.

El otro tondo presenta una mujer vestida, respondiendo a las cánones de belleza occidental, colocada en un fondo negro, con una clara alusión al universo, tal como reza su título. En el fondo de la sala, uno de los cuadros más grandes, capta la atención al instante, se trata de Searcher, donde una mujer desnuda parece caminar en un fondo de rallas negras sobre blanco. Civera reinventa la estética heredada del Op art en este cuadro, y nos presenta una psicofonía de líneas reticulares que recuerdan a una suerte de prisión. Relegada a la profusión ascendente de las líneas, queda el cuerpo femenino desnudo, que parece buscar una salida inexistente. Cierran esta sala dos cuadros de pequeño formato, que la artista ha titulado Pecadillos familiares donde el cuadrado y el círculo se insertan en un juego antagónico y simbólico.

El segundo espacio queda dividido por tres obras muy significativas que bucean en el color azulaceo. After y Before, dos cuadro contrapuestos, contienen un fuerte componente de violencia. Apenas se asoman las cabezas femeninas que parecen exhalar su último aliento de vida. Uno de los cuadros tiene esbozados dos hombres dibujados a lápiz, lo que acrecienta la sensación de amenaza. El cuadro que preside este espacio, llamado Derrame, presenta una mujer derrotada en el fondo de la monocromía azul grisácea, y parece dormitar entre un espacio incorpóreo, abstracto. El vacío queda presente en estos cuadros, se trataría de una reducción geométrica malevichiana, haciendo casi literal la expresión de Hegel: “ no hay nada que mostrar”.

En el último espacio de la galería, se encuentra una de las obras más impactantes de la muestra: No te escapes. En ella vemos a una mujer intentando huir rodeada de un paisaje de reminiscencias antárticas. La abstracción del entorno y la atmósfera gélida envuelve a la protagonista femenina en una búsqueda y huída incompleta, como si quisiese escapar del cuadro.

En estos trabajos presentados, la mujer es el epicentro del círculo, de la espiral de búsqueda hacia su interior. Se trata, no sólo de proponer una crítica feminista a través de ciertos estereotipos, fetiches consumibles, tal y como nos presenta en los tondos iniciales, sino de indagar y mirar más allá, revolver en su mundo personal y mostrar lo invisible. Por ello el juego entre el circulo como principio y final de un recorrido introspectivo, por ello la abstracción y la figuración, por ello aparece, en dos de sus cuadros paradigmáticos, la oruga, que no hace más que enfatizar la conexión con el subconsciente individual, con el ansía de renovación, con la escucha y la observación debajo de la piel de la artista. Lástima que no se pueda ver cómo la oruga se convierte en mariposa en Hacia lucerlandia cuadro que no está expuesto pero que aparece en el catálogo, igual que la obra que da nombre a la exposición, Madre Norte, sin duda una clara alusión hacia la búsqueda y orientación de si misma. Fallo de la galería.


Irene L.

domingo, 31 de octubre de 2010

El norte es circular, femenino, singular

El norte es circular, femenino, singular
Hace frío dentro de la galería Soledad Lorenzo. Victoria Civera logra con su exposición ‘madre norte’ capturar el frío y el tiempo. La primera sensación que tengo al recorrer el espacio es la de haberme trasladado a un tiempo futuro indeterminado, donde ya no existe el sol, la tierra se está helando y muere poco a poco. Evoca un tiempo de apocalipsis al que se enfrentan solas las mujeres, protagonistas de sus pinturas, acompañadas en algunos casos por extrañas criaturas de mundos lejanos. A pesar del escenario descrito la sensación es positiva, no hay desolación si no ganas de luchar por la supervivencia.

La muestra, casi en su totalidad pictórica (sólo incluye dos esculturas) se plasma mayoritariamente sobre lienzos de forma circular. Victoria Civera (Puerto de Sagunto, Valencia, 1955) lleva más de dos décadas utilizando el tondo como soporte pictórico, como ella misma explica en su entrevista con Juan Uslé, la idea surgió desde la propia linea conceptual de la feminidad, -"fue por pura necesidad de depurar la idea al máximo"-.

En la primera sala destaca el uso de los opuestos, tanto en los colores: el blanco y el negro, como en las formas, el círculo frente a cuadrado y rectángulo. En los personajes femeninos aparecen pequeños detalles en la indumentaria que delatan un tiempo futuro visto desde el pasado. Los círculos, concéntricos o enfrentados unos a otros, dentro del cuadro o dando forma al mismo, aportan ese nexo con lo femenino, la linea curva. Parece que a medida que Civera depura su idea ya no le hace falta representar la figura de la mujer, porque queda reducida simbólicamente a esa forma geométrica.
En la serie Pecadillos familiares, las pinturas carecen de personajes figurativos, y el círculo, que se repite dentro del mismo lienzo, despierta no sólo referencias a la mujer sino otras nuevas, insinúa por ejemplo globos oculares como órganos de percepción visual.

En el segundo espacio aparece una serie de tres pinturas sobre lienzos rectangulares: Before, Derrame y After, que crean en su conjunto una segunda línea narrativa. Before y After, de plano vertical se enfrentan de pared a pared, Derrame en horizontal, se muestra entre ambos. En los tres predominan los tonos fríos en blanco y azul que nos sitúan de nuevo en una región polar y sólo existe un personaje para las tres escenas. Civera utiliza en esta serie la técnica mixta para aumentar la expresividad de las composiciones, lo cuál consigue con éxito. De esta manera, la inclusión de otros materiales como la cinta adhesiva, al pintarla, se concibe como un elemento plástico dentro del cuadro y en ocasiones se pinta con tonos fosforescentes, lo que multiplica el efecto de frío futurista.

En la última sala encontramos la primera pieza escultórica de la muestra, Reciclada, una interesante mezcla de materiales: paja, metacrilato y plastilina, y distintas formas que dan lugar a una silla. Frente a ella No te escapes, donde Civera utiliza de nuevo la técnica mixta sobre lienzo, en esta ocasión construye un rectángulo en magenta ácido que funciona brillantemente en la composición. En el centro del cuadro un personaje femenino, que empuña espada y escudo en actitud guerrera, trae a la memoria tiempos de gestas heroicas en un paisaje glaciar. En el rostro desafiante de esta nueva heroína destacan sus labios rojo carmesí y la mancha del mismo color en la frente, que parecen predecir la llegada de sangre, quizás aludiendo a la película Los pájaros de Alfred Hitchcock, donde se dedicaron varios planos detalle a las uñas rojas de Tippi Hedren para anticipar la narración a partir del lenguaje simbólico.
En Fingers Civera vuelve a recuperar una referencia más explícita a lo femenino trabajando de nuevo con la forma de la vagina. Sin embargo en esta ocasión los pigmentos de pintura se aplican directamente sobre un material puro como el lino, que no lleva una capa de imprimación. De esta manera consigue matizar el significado conceptual a partir de modificaciones formales.

En el piso inferior se encuentra la otra escultura, Seat to flor, un juego entre el lenguaje artístico y las lenguas española e inglesa conforman obra y título. En mi opinión una pieza que queda fuera de lugar dentro del conjunto de la exposición.

De lo conceptual a lo formal
Civera demuestra en este último período una técnica depurada y un buen saber hacer en cuestiones de composición. Al analizar sus obras de cerca se percibe su trabajo fluido y su proceso de búsqueda. Especular con el que fue el recorrido de su exploración es un deleite, mientras uno observa detenidamente su pintura puede descubrir por ejemplo, trazos de lápiz, dejados a propósito o que han sido trazados después. Cada decisión técnica parece aportar algo conceptualmente. Éste es el que ha sido en mi opinión su mayor logro en los últimos años y el que pone de manifiesto su madurez artística: el haber conseguido un lenguaje pictórico propio construido a partir de la investigación de su eje temático-conceptual, lo femenino. Para concluir, se podría decir que esta exploración en el tema de la feminidad ha llevado de manera implícita un desarrollo paralelo del discurso formal de gran valor e interés, sobre todo en el medio pictórico.

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gm

Victoria Civera "Madre Norte"

Madre Norte es el título que da nombre a la exposición de la artista valenciana Victoria Civera, que se celebra en la madrileña galería Soledad Lorenzo, lugar que ya exhibió en los años 2001, 2003 y 2007 obra suya. Un total de diecisiete piezas componen la muestra y proponen un interesante recorrido que pone de relieve la evolución artística de Civera, dando buena cuenta de los senderos por los que discurre su producción pictórica y escultórica en la actualidad.
Vertebrada en cuatro espacios que atienden a la división arquitectónica de la gelería, las piezas interpelan desde el primer momento al visitante que se adentra en las diáfanas y luminosas salas, quien es acogido por una primera estancia de paredes blancas y suelo de color crema que recrea una atmósfera de sosiego muy adecuada para una cómoda y pausada contemplación de las obras. De sus muros cuelgan seis telas de diverso formato con amplio espacio entre las mismas y gracias a su distribución se permite una primera visión de conjunto para, posteriormente, observar con detalle una a una, escudriñando con la mirada la conjunción de nerviosas y potentes pinceladas en algunos de sus lienzos, como por ejemplo en Atada al universo, una obra de formato circular en la cual se nos muestra una figura femenina atrapada en una suerte de tela de araña metafórica, que parece restringir su capacidad de movimiento, en definitiva, su libertad, donde la artista hace uso de una pincelada fuerte y muy empastada, principalmente en el rostro de la muchacha, logrando en la composición un gran dinamismo gracias al trazo rápido y sinuoso. El pictoricismo de esta tela contrasta con las dos piezas situadas a continuación en las cuales la pincelada suave y delicada cobra protagonismo, como en Pecadillos familiares (B), donde se representa una sucesión de círculos concéntricos sobre un fondo blanco sin apenas imprimación, que permite ver en algunas zonas la trama del lienzo. Civera aplica una pincelada acuosa, poco matérica, dejando entrever el carboncillo del esbozo previo. En este sentido son elocuentes las palabras de J. M. Bonet al apuntar que algunas de sus pinturas necesitan de mucho blanco alrededor para que se asiente su tranquila y misteriosa presencia.
La artista recurre al soporte circular en ocho piezas del total exhibido, a las que Civera denomina fondos, como recordaba José Luis Clemente en el catálogo de una exposición celebrada en Burgos en el año 2000, en detrimento de la tradicional forma cuadrada o rectangular, algo que entronca directamente con una de las constantes en la producción de la artista desde los primeros años de la década de los ochenta, que es el uso del círculo, tanto en el soporte como tomándolo a modo de estructura compositiva vertebral, en palabras de Calvo Serraller, o en ambos. En Madre Norte se pone de relieve la libertad artística de la que la valenciana ha hecho gala desde sus inicios, ya que recurre a distintas formas, tamaños así como técnicas y materiales, siempre en función de sus necesidades expresivas. En (Searcher), una pintura de grandes dimensiones que preside la sala, heredera en gran medida de Anda y pasa (2005), se observa un elemento clave en la obra de Civera sobre en que también incide en Centro abierto, Con Jumba o en las tres telas ubicadas en una sala contigua de dimensiones más reducidas, Before, After y Derrame; se trata de la mujer como elemento vertebrador de su pintura a la que se aproxima desde múltiples perspectivas invitando a una profunda reflexión y explorando los pedregosos caminos del sufrimiento o el dolor. Esta exposición demuestra que Civera apuesta por una pintura figurativa, alejada en gran medida de sus obras más expresionistas y tendendes a loa abstracto de épocas precedentes, así como por la introducción del gran formato que resta protagonismo al pequeño, propios de los años noventa y en base al cual Márcia Fortes había calificado sus obras como haikus. Al fondo de la galería, en el ámbito situado a mayor altura, donde unos pequeños vanos permiten que la luz natural penetre e inunde el recinto, destaca una escultura en forma de silla realizada en metacrilato sobre un bloque de paja y frente a ella el lienzo de mayores dimensiones de toda la exposición, No te escapes, cuyas calidades y texturas son magníficas, en el cual se perciben las huellas de gruesos pinceles, el goteo de la pintura y donde un cielo amenazador se cierne sobre una mujer que hunde sus pies en una superficie irregular e incierta.
A modo de despedida, en la planta inferior, bajo la estancia principal, dos obras comparten espacio, por un lado una escultura titulada Seat to flor, donde ha situado unos trozos de tela en el suelo a modo de pétalos de los que emergen de forma sinuosa trece anillos, que en realidad parecen ser cojines donde ningún color se repite y una pequeña pintura que muestra un paisaje apenas esbozado enmarcado por un círculo, todo un compendio de la ambigüedad, intimismo, poesía y reflexión que caracterizan la producción artística de Victoria Civera.
Jorge Cruz

sábado, 30 de octubre de 2010


¿Madre Norte, Madre Civera?

la vida es perfecta, la vida es redonda”

Michael Houellebecq

Una vez Ralph Waldo Emerson escribió: El ojo es el primer círculo, el horizonte que éste forma es el segundo círculo, y se repite incesantemente a través de toda naturaleza. Es una de las propuestas de ver el espacio donde se revelan las realidades. La exposición Madre Norte, organizada por la galería de Soledad Lorenzo, desvela las realidades de Victoria Civera (Valencia, 1955), que nos llevan a un refugio único, donde gritos y susurros bergmaniano-civerianos tienen el nostálgico sabor de fresas salvajes. Las obras seleccionadas por la galería, están vinculadas en torno a leitmotivs como la figura de la mujer y el círculo, que en las últimas décadas constituyeron la gramática y la ortografía del lenguaje artístico de Civera.

En el caso de la exposición Madre Norte, el primer círculo es más bien una lente investigadora, bajo la cual el horizonte, entendido como la figura de la mujer, presenta o oculta sus múltiples posibilidades de ser y estar. Las mujeres proyectadas en los lienzos de Civera, provienen de debajo de su piel. A todas ellas las lleva dentro de sí misma. De este modo, la Madre Norte, título de la exposición, podría convertirse en la Madre Civera.

La artista desvela los mitos contemporáneos de la cosmogonía femenina que no llevan en sí la pretensión de cambiar el mundo. La sencillez y la ambigüedad de la obra de Civera es, más bien, una autorreflexión realizada en voz alta que le permite buscar un sonido propio. Para oír su voz, hay que simplemente abrir los ojos y, al modo bergeriano, estar atento.


La voz, que inicia la sinfonía de Madre Norte, pertenece a la pintura Atada al Universo. Presenta la imagen de una mujer que está flotando por la superficie de un círculo perfecto. Su expresivo make up “elaborado” con ayuda de gruesas capas de la pintura, no nos deja ver su verdadero rostro. Su nombre puede ser “Cada” o “Ninguna”. Sus ojos están cerrados a la realidad que la rodea (la pulsera de luces que lleva en la mano, tal vez es un cordón umbilical que la ata al universo en el que están arraigadas las anclas de su memoria, pero no ella misma) y nos obliga ir más allá de su representación pictórica, hacia su yo íntimo que se esconde detrás de sus pupilas. Este intento de desenmascarar paradójicamente lo visible y dirigir la mirada a lo escondido, a lo esencial que no se manifiesta en las máscaras, ni disfraces, se repite con mucha fuerza en otras obras de Civera, exhibidas en cuatro salas de la exposición.

Las proyecciones pictóricas de su "yo" de Con Jumba , Centro abierto, Searcher , o No te escapes, igual que Atada al universo, están equipadas en el arsenal de los “atributos femeninos”(tacones lejanos, ropa íntima o su falta, las bocas tapadas por una pesada mordaza de pintalabios) parecen más bien portadoras del sentido y no productoras del mismo. Están dentro del círculo, pero la artista con premeditación no les deja llegar a su punto central. Lo que les corresponde en la realidad de lo visible, es una periferia en los mapas de las narraciones, pero el compás (el círculo) indica la dirección donde sus verdaderas voces suenan fuertes.

Madre Norte, Madre Civera, Madre Demiurga, origina la vida y el movimiento de su narración, cambiando el volumen de su voz y las técnicas que deforman la realidad, para sacar de ella nuevos contextos, nuevas texturas que son capaces a la vez de acariciar el ojo y de cortar la pupila. Before, After y Derrame son las obras que “sustituyen” a la mujer atada al universo por una mujer atrapada en el universo de los clichés kafkianos. La “semipresencia” de los uniformes masculinos que no pertenecen a nadie (sus caras borradas del dibujo o ¿borradas de la memoria femenina?) son representaciones del poder masculino y de la opresión que puede provocar. La artista lo denuncia en una frase muy corta, en el grito: “derrame!”.

La reflexión pictórica sobre la opresión sigue buscando su forma de expresión en No te escapes, donde la figura de la mujer atraviesa una de las imaginarias playas siberianas. Encerrada en un marco artificial de la cinta rosada, parece más bien una luchadora que dialoga con los susurros abstractos de Pecadillos familiares, que nos conectan con la memoria del pasado. El paisaje del refugio de aquella memoria, nos invita a sentarse y disfrutar del viaje cíclico que construye nuestro presente(Reciclada, Seat to Flor).

Este es el movimiento mutuo del círculo que explora apasionadamente Civera, exigiendo del espectador “sólo” una política de mirada que no tiene ni principio, ni fin. El epicentro de la narración femenina circula alrededor del punto central de los lienzos, pero no pretende ocuparlo. Porque en la vida redonda de Madre Norte, no se trata de buenas y malas interpretaciones, se trata de la fluidez de la reflexión sobre la figura femenina que despierta en el espectador la obra del artista.


Mfr.

viernes, 29 de octubre de 2010

VICTORIA CIVERA | La aventura que no renuncia al sentido

Priscilla Echeverría Alvarado


Madre Norte. Es el nombre de la exposición de Victoria Civera que se presenta en la galería Soledad Lorenzo del 19 de Octubre al 20 de Noviembre. En esta ocasión, la artista presenta un conjunto de trece piezas que se encuentran distribuidas en tres salas de paredes blancas, algunas de gran formato, otras relativamente pequeñas y una instalación. Trabaja en acrílico, tela y otros materiales como cintas, lo que le aporta textura a su propuesta a veces figurativa, otras, abstracta. La instalación viene a ser un “detalle” que rompe la serie que cuelga de las paredes, tanto por su género y forma, como por su colorido. Varios tondos de fondo blanco evocan por el título de la exposición, los “tondi” renacentistas de Miguel Angel “La sagrada familia” y “la Virgen del Magnificat” de Boticelli. Madre Norte, la madre que orienta.

Parte de esta obra ha sido expuesta previamente en esta misma galería, pero llama la atención en la selección, el tratamiento del color en su conjunto, ese paso del uso de los colores vibrantes de trabajos anteriores a la presencia de tonos opacos o combinaciones monótonas rematadas por la intromisión de entusiastas detalles en rosa, rojo, naranja. El uso de tonalidades de cierta suavidad o apagamiento, pretende dejar más al descubierto lo esencial: la ingenuidad o intensidad de las figuras, su movimiento y su esfuerzo de metamorfosis, tal vez condensado en esa figura de oruga que aparece en algunos cuadros. Como contrapunto, la intimidad, el agujero negro del universo, el silencio que se encuentra en el uso de los formatos más pequeños, del negro y el café, lo recóndito que lleva al infinito del sexo de una mujer. Encontramos en esta muestra un intento de lo que la artista relata acerca de su necesidad de depuración: “..depurar la idea al máximo, buscando silencios y susurros, intensidad.”

Victoria Civera continúa con su trabajo acerca de las mujeres, su salida y urgencia de atadura al universo. No es difícil pensar que se trata de su propia experiencia, pero en este caso, en esos tondos de gran formato, pareciera tratarse de un deslizamiento hacia su condición de maternidad, de mujer a madre de una hija. En su operativo, trata de articular la intimidad con ese caminar en el mundo, darse a ver sin que lo más interior se destruya. El trabajo de gran formato es de suyo abarcativo, expresivo, pero el mundo exterior tiene también sus amenazas que son representadas generalmente por algo que se puede interpretar como símbolo fálico, el que quiere ver reducido a una especie de caricatura. El círculo, en cambio, es protector, materno, profundo. En uno de estos tondos del 2009, llamado “Con Jumba” la sensual joven abraza con aprehensión al animalito que sostiene con su cuerpo. Desde dos círculos negros a sus costados se asoman unas lenguas, que se dirigen a ella como pequeños falos amenazantes. El lienzo se desborda, pero al hacerlo, da la sensación de que se arraiga. Círculo seguro, protector, que empuja más allá pero que da estabilidad. En otro de ellos, (Centro abierto, 2010), la figura femenina se soporta en dos círculos, el del fondo y el que tiene al frente, como escudo o como ojo abierto que mira hacia fuera. Aparece también el detalle de una oruga verde que se desliza por el borde, que curiosamente es también una figura fálica, pero transformada esta vez en algo que algún día se mudará y alzará vuelo. Estas dos telas de estricto fondo blanco, contrastan con el negro y sideral “Atada al universo” (2010). Una también joven figura corre entre las ondas magnéticas y recuerda a las heroínas de las series de animación.

Victoria Civera sí que sabe de sensualidad, pero la trayectoria de la mujer se ve siempre amenazada por la condición masculina convencional que proviene del falocentrismo. En “Before” (2010), una mujer es tomada de los brazos por dos hombres. Viéndose forzada, emite un gesto de dolor. Aquí, el trabajo del color es una guía. Las manos enguantadas de esos hombres de traje entero están teñidos con el aguamarina del abrigo de la mujer. La figuración da para la interpretación. En “Derrame” (2010), la sensual figura femenina, sostiene en sus manos algo punzante; en “No te escapes” (2010), la joven sale de su cueva de hielo y avanza cauta, con algo también filoso en su mano derecha, mientras en la izquierda porta lo que parece ser una bandera blanca. En muchos de sus cuadros, la mujer sangra, la nota de color es entonces, dolorosa.

Su tema es la mujer en cuanto objeto, como objeto de sí misma en tanto el objeto se define como femenino; al final del recorrido nos ofrece una silla. La trayectoria concluye con la excepción; la silla juguetona fiel a la textura y al escándalo del color; heno, plastilina, acrílico, cuerda. Si bien Victoria Civera ha “limpiado” el fondo de explicación y de sentido, no renuncia a ella. La artista se aventura sin alejarse de la significación.

MADRE NORTE: VICTORIA CIVERA O CÓMO MIRAR MÁS CERCA

Inés Plasencia Camps

De círculos, de la atracción y de la huida del centro, de la mujer sacada de su hábitat para ser simplemente observada y de líneas casi invisibles donde habita lo que realmente está ocurriendo se han llenado las paredes de la Galería Soledad Lorenzo, que acoge estos días la exposición “Madre Norte”, compuesta por las últimas obras de la artista valenciana Victoria Civera.

Sus lienzos están protagonizados por mujeres arrancadas de los espacios habitables y por formas abstractas dominadas por el círculo. En la exposición se combinan los grandes formatos, que se dedican a esa mujer aislada, con los formatos pequeños, y las formas rectangulares se combinan con lienzos circulares. Apenas una quincena de obras repartidas en cuatro espacios, que incluyen también dos esculturas, en las que la artista trabaja con la mezcla de materiales buscando texturas casi transparentes que se vean sorprendidas por pequeños detalles de color o de un material más denso. Cuando se observan desde más cerca se revela siempre una minúscula mancha. En muchos casos es una salpicadura roja, en otro el lazo rosa de un liguero, en otro la huella de algo parecido a petróleo. De este modo, la técnica mixta de Victoria Civera se convierte en vehículo de los diferentes niveles de lectura de su obra. Las líneas de lápiz de Before son la escritura con la que se manifiesta la violencia. La franja rosa fluorescente de No te escapes enmarca la figura y la aísla de la naturaleza.

Las obras figurativas de la exposición, sin duda las más interesantes, están dominadas por esa mujer sola y aislada. Dos de las piezas más destacadas de la exposición, Con jumba y Centro abierto, enormes cuadros de forma circular, parecen fotografías extraídas de cualquier revista de moda, y son la imagen sacada de contexto de esa mujer artificial que mira como desprevenida al objetivo de alguien que la quiere a su medida. Pero Victoria Civera la somete a la mano de quien pinta lo que esa imagen esconde. En Con jumba, una mujer sometida al ridículo abrazada a un mono, semidesnuda, encerrada en un círculo y entre dos círculos. En Centro abierto, una absurda aviadora con tacones en medio de la forma geométrica perfecta que existiría con o sin ella, mientras una oruga se pasea y nos recuerda cuánto tiempo puede llevar esa mujer en esa postura.

Otro de los lienzos de gran formato es la obra de 2010 Derrame. Frente a una naturaleza inhabitable, la mujer está tumbada sobre el agua, de espaldas a nosotros, esta vez agotada y abandonada ante el paisaje sobre un denso líquido negro que emana de no sabemos dónde ni de qué. También en esta sala, la pareja Before y After nos relata el anuncio y la consumación de la violencia. La figura de la misma mujer aparece descentrada, atraída hacia el fondo. En la primera, dos hombres sujetan a la mujer por cada brazo, aunque de lejos sólo vemos dos manos contra las que su arma, una línea naranja, apenas puede hacer nada. La segunda es la consumación de la violencia que el primero anunciaba, y la cabeza se hunde en un fondo verde salpicado de manchas rojas.

No te escapes, en la que Civera juega esta vez con los encuadres por medio de una línea de papel pegado rosa fluorescente, culmina la exposición. La mujer lucha por salir de un líquido parecido a petróleo, pero después del líquido tendrá que luchar con esa línea, y después tendrá que hacerlo con la naturaleza.

Las pinturas abstractas de la muestra parecen desaparecer ante los grandes lienzos figurativos, aunque encuentran su sentido junto a las demás obras de la exposición, con las que conecta en sus formas fundamentales. Repartidos por las cuatro salas, los cuadros de la serie Pecadillos familiares eliminan aparentemente a esa mujer y la reducen a su símbolo esencial, el círculo, siempre interrumpido por alguna forma o línea de color.

En cuanto a las dos esculturas que incluye la exposición, se trata de formas orgánicas donde el círculo y el color, así como la importancia de la materia, vuelven a dominar. Reciclada es una silla donde esperar, donde puede uno sentarse a mirar todavía en esa naturaleza imposible, que mezcla la tela, el plástico y la paja proponiendo tocar con la vista un lugar a todas luces incómodo.

La exposición de Victoria Civera nos invita a preocuparnos, a preguntarnos y a observar a esa mujer inquietante. Para conectar con ella es necesario hacerlo en primer lugar con la transparencia de los colores, con el deseo de mirar más cerca y ver las líneas y la mezcla de materiales, con el espacio casi vacío de los cuadros, con los objetos que esperan. Al mismo tiempo, paradojas aparte, nos invita a confiar en la primera sensación que tengamos al entrar en la sala. Podemos mimetizarnos con las obras y sentirnos también nosotros absurdos personajes observados en un espacio inhabitable, o podemos sentirnos violentados ante una obra que parece silenciosa hasta que miramos más cerca.